domingo 13 de marzo de 2011

Un Japón quebrado, de contrastes

La estricta presión de la familia y la educación junto con el respeto y admiración por lo tradicional conviven con un hiper-consumismo, principalmente tecnológico, con origen en la intensa revolución juvenil pro-occidental de principios / mediados de los 90. Su admiración por conocer otras culturas y tradiciones y su morbosa cultura sexual y erótica capaz de los más extravagantes escenarios, contrasta con el escaso conocimiento de idiomas y con su estricta disciplina en las conductas tanto famliares y laborales en una de las pocas sociedades modernas en las que la pena de muerte sigue todavía en vigor.

Son estrictos. Estrictos y sistemáticos. Y lo trasladan a su operativa laboral. La mayor parte de las teorías de mejora en los procesos de fabricación y servicios orientadas al “0 desperdicio” y a los “0 defectos” proceden de las factorías japonesas. No es que sean los más innovadores ni los principales creadores de patentes (aunque si ocupan un lugar preferencial en la lista), pero si son los que mejor plasman cualquier mejora teórica en una realidad eficaz y sostenible en costes. El “Just in Time”, el “Lean Manufacturing”, el “Kaizen”, etc., han tenido origen en sus principales fábricas de automóviles, principalmente en las factorías de la marca Toyota, y han sido implementadas posteriormente en occidente.

La realidad de este cóctel cultural toma protagonismo en la actitud de la sociedad japonesa ante la tragedia del terremoto del 11M de dimensiones todavía hoy (dos días después de la catástrofe) desconocidas.

La cultura del orden en la sociedad japonesa evitó cifras superiores de víctimas. En los medios de comunicación sigue siendo revelador observar en el norte del país, a grupos de personas que a pesar de lo ocurrido y sin perder la calma (aunque algunas lo hayan perdido todo) esperan instrucciones disciplinadamente y en cola en lugares públicos. No en vano, cada japonés está aleccionado con un manual que conocen y del que disponen en todos los hogares. Son publicaciones editadas por el Gobierno y que se renuevan de manera periódica y se ensayan bimestralmente en centros de trabajo y de estudios.

Pero la desgracia parece perseguirles. A pesar del “milagro económico” tras la 2ª Guerra Mundial, desde finales de los 80 los japoneses no están viviendo su mejor momento. Intentaban salir de su “Década Perdida” de los 90, fruto de una burbuja financiera e inmobiliaria, con un crecimiento en 2010 cercano al 4% (aunque con bajadas de importancia en el último trimestre). Pero pocas semanas antes de la catástrofe, China le arrebataba el segundo lugar de las economías mundiales. Meses atrás, Japón pasaba a ser la tercera potencia exportadora mundial, tras China y Alemania. Hace dos semanas, la agencia de calificación de riesgos Standard & Poor´s bajaba la nota de solvencia de Japón por su enorme deuda pública, una de las más elevadas del mundo, que alcanza casi el doble de su Producto Interior Bruto (200% del PIB). Por eso y porque el gobierno actual carece de "una estrategia coherente" para combatir la deuda. Desgraciadamente y a pesar del descrédito histórico, las agencias de calificación siguen marcando una pauta relevante en los mercados. De cualquier manera, en este caso no les falta razón.

Sin duda, los japoneses superarán esta catástrofe como lo han hecho con las anteriores y sin duda, saldrán reforzados de ella. No tardaremos en ver slogans como los de “NISSAN: Los japoneses”, de nuevo. Son bastante chovinistas.

Pero tras lo ocurrido: el terremoto, el tsunami y el grave riesgo que subyace en la central nuclear de Fukushima, uno no puede por menos que preguntarse: ¿Cómo es posible que en un país tan tecnológicamente avanzado y con tan elevado riesgo sísmico no se haya podido detectar a tiempo esta tragedia?. Y por otra parte, sabiendo el peligro inherente a estar situados sobre una de las fallas más activas del planeta, ¿cómo es posible que se hayan construido centrales nucleares en esa zona con el riesgo que ello conlleva?. Está claro, sin entrar en polémica, que técnicamente es viable la construcción de una central nuclear. Incluso que ésta esté próxima a la costa para aprovechar el agua del mar en el proceso de refrigeración, pero no creo que nadie sugiriese levantar una central nuclear, por ejemplo, en California, sobre la falla de San Andrés.


Respecto a la primera pregunta:


Respecto a la segunda:

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